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Del timo de la estampita al phising

Escrito por lasprovincias.es   

Las pequeñas estafas por internet y por teléfono de pago ganan la batalla a las tradicionales como el tocomocho, aunque muchos vecinos de la Safor continúan cayendo en estos engaños

«La avaricia no tiene límites ni fecha de caducidad.» Con esa frase se podría dar explicación a que hoy en día sigan produciéndose estafas tan antiguas como el timo de la estampita. Y el cine se hace eco de ello.

Bien lo sabían Tony Leblanc y Antonio Ozores cuando, hace 50 años, protagonizaron Los Tramposos, una película en la que Leblanc se hacía pasar por un disminuido que, ayudado por Ozores, daba el cambiazo de un sobre de dinero por otro lleno de periódicos. Es todo un clásico y, pese a todo lo que se habla de él, sigue sumando víctimas. Pero no es el único porque el timo con el uso de tarjetas falsas se ha convertido en algo desgraciadamente habitual.

El último, se ha producido en los últimos en Simat de la Valldigna. Al parecer, un grupo de delincuentes ha estado duplicando tarjetas VISA en una conocida gasolinera de la localidad, según fuentes de la Guardia Civil.

El caso se ha destapado al descubrir algunos de los timados, que se estaban realizando compras masivas en Estados Unidos. Algunas entidades bancarias de la población ya han comenzado a anular dichas tarjetas para evitar más fraudes.

Las estafas siempre han estado a la orden del día y, como cualquier otra actividad, se van adaptando a los nuevos tiempos. Con internet, los delincuentes han encontrado una gran herramienta para modernizar su 'profesión', aunque ello requiere ciertas habilidades informáticas.

La Comisaría de Gandia detiene periódicamente a estos ladrones que generalmente son reincidentes. Sin embargo, las penas no son grandes y muchos no llegan a ingresar en prisión, por lo que cuando salen de un timo y «se meten en otro», explicó el comisario jefe, Armando Jiménez.

Precisamente, una de las últimas denuncias fue la de la estampita. En esta estafa intervienen, al menos, tres personas: el bobo, el cómplice y el primo. Una persona, que simula ser deficiente mental, pasea con un sobre rebosante de billetes de 100, 200 o incluso 500 euros a la vista, que vende como si fueran estampitas. «El gancho encuentra a la víctima y la tienta a quedarse con el sobre argumentando que cualquier desaprensivo puede aprovecharse de él», comentó Jiménez.

A cambio, le propone darle algo de dinero al discapacitado. El primo o 'pringao', según el argot actual, se deja llevar por su avaricia y acepta. Va a un cajero o a su casa y trae la cantidad estipulada para cambiarlo por las postales, que junta en un sobre o periódico con el dinero del cómplice. En ese momento, el 'tonto' distrae a la víctima mientras el gancho cambia el sobre por otro sin dinero.

El siguiente paso es darle el supuesto dinero al primo y pedirle que espere mientras el cómplice lleva a su casa al disminuido por más 'estampitas'. Él, confiado, espera. Pero los otros dos nunca regresan. En Gandia, dos mujeres abordaron a una tercera de 73 años y le sustrajeron 2.500 euros, según fuentes de la Comisaría.

Otro truco engañoso es el cambio de divisas en las estaciones o aeropuertos. «Se cambia una cantidad de dinero que después, y como por arte de magia, se ha transformado en mero papel», asegura un funcionario destinado en Gandia que fue objeto del timo.

La red de redes ofrece todo un mundo de posibilidades y la mayoría de estos delitos están relacionados con las cuentas bancarias. Se conocen como phising.

Compras que nunca llegan a su destino; gangas que luego no son tales; falsificación de la página del banco pidiendo datos de la cuenta para luego vaciarla; supuestos premios o concursos que obligan a llamar a un número de teléfono con sobretarifación; etc.

Oferta laboral engañosa

Uno que está de moda son las ofertas para trabajar desde casa. En realidad, no son más que una tapadera para materializar el vaciado de una cuenta corriente, a través de una tercera persona que se interesa por ese supuesto empleo a domicilio. Le explican que su único cometido es abrir una cuenta y, con el dinero que sus supuestos jefes le ingresen, hacer una transferencia a otro banco en el extranjero. A cambio, recibe un porcentaje.

En realidad lo que está haciendo es facilitarles el dinero que ellos previamente han sustraído, asumiendo la autoría del robo sin ni siquiera saberlo. De este modo, eliminan su rastro y la policía sólo localiza al intermediario.

Las estafas ingeniosas también son habituales y entre ellas, una de las más elaboradas es la conocida como Las cartas nigerianas. Consiste en que una persona recibe una carta de un supuesto organismo oficial de un país extranjero que le anuncia que ha ganado un premio de lotería, una herencia o una donación anónima.

Lo que necesitan es una cuenta corriente en España para traer el dinero y repartirlo y le piden a la víctima usar la suya a cambio de un porcentaje del total. Pero para acceder al dinero, primero debe hacer una transferencia o pagar los impuestos. Y ahí está la trampa. Hace el pago, pero luego nunca llega a ingresarse nada en su cuenta.

La clave es la aportación de numerosos recibos y documentos oficiales con sellos instituciones que dan credibilidad al hecho.

El lío con el cambio es otro pequeño timo muy habitual. Generalmente es un mujer la que lo hace y suele llevar consigo un niño revoltoso. Entre los dos distraen a la cajera. Paga su compra de pocos euros (5) con un billete grande (50 euros) y recibe su cambio (45). Pero después, y mareando a la dependienta, le pide que le cambie unos billetes (dos de 50) por otro más grande (uno de 100). La confunde de tal manera que le hace creer que el primer billete con el que pagó (50 euros) es uno de los que ahora pretende canjear. Y lo consigue. Para la cajera todo es normal, las cuentas salen y le da los 100 euros, pero se olvida de que ya le había devuelto el cambio tras pagar al compra (45 euros).

Lucía fue testigo de un caso como este hace apenas unos días. «Estaba en la caja del supermercado y la mujer que llevaba delante tardó mucho. No caí en la cuenta, pero al cabo de un rato ya se notaba algo raro porque hablaba rápido y gesticulaba mucho con billetes en la mano. Cuando se fue, la cajera estaba confundida y al final, se dieron cuenta. Pero ya no la cogieron».

El toco mocho también goza de bastante fama. En este caso, una persona se entera en un lugar concurrido de que su boleto de lotería está premiado con miles de euros, pero dice que no puede cobrarlo porque vuelve al extranjero. Su gancho convence a alguna persona de darle parte del dinero a cambio de hacerle partícipe del premio. Los que caen en el timo aportan el dinero pero luego los boletos no tienen premio.

 

 

 

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